Como en una nube de humo voy

atravesando montañas.

Detrás de una loma hay un cerro,

y detrás,

otro alto que me espanta.

A la izquierda, un crujido;

a mi espalda, un silencio.

Los ojos llevo cerrados, o quizás

aunque no los noto, están abiertos.


Delante sólo existen sombras.

Sombras de ti, de mí, 

de un incendio.

Abro la boca y ya lo siento.

Es el humo, el negror entero.

¿Siempre estuvo aquí?

¿Vivía en mí?

¿Quemó así?

Ya no lo creo.


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