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 Como en una nube de humo voy atravesando montañas. Detrás de una loma hay un cerro, y detrás, otro alto que me espanta. A la izquierda, un crujido; a mi espalda, un silencio. Los ojos llevo cerrados, o quizás aunque no los noto, están abiertos. Delante sólo existen sombras. Sombras de ti, de mí,  de un incendio. Abro la boca y ya lo siento. Es el humo, el negror entero. ¿Siempre estuvo aquí? ¿Vivía en mí? ¿Quemó así? Ya no lo creo.

Ni es año nuevo, ni vida nueva, pero este es un blog nuevo.

 Yo creo que ya hace veinte años del primer blog que abrí. No lo he mirado, y no sé si podría recuperarlo (¿sería con chicacique? ¿O una cuenta anterior de blogger, antes de que Google la comprara?), pero así, a ojo, por ahí debe de andar. Y estos días he estado pensando mucho en el tema, en escribir de nuevo, en lo terapéutico que me resulta y lo bien que me vendría hacerlo con un poco de asiduidad. Acabo de terminar una redacción de alemán sobre arte, y estaba aquí con el portátil, me estaba gustando eso de teclear y ver las letras aparecer mágicamente... Y claro, en alemán no tengo fluidez ninguna, no me satisface igual. Así que me he lanzado. Además, el Sevilla acaba de perder 2-0 contra el Getafe y estoy mosqueada. Bueno, no estoy del todo mosqueada, estoy al filo del mosqueo, como si el mosqueo fuese una habitación con la puerta entreabierta a la que me estoy acercando, me quiero asomar, pero sé lo que hay dentro y no acabo de decidirme. Y voy a intentar mantenerme ahí, en el...